Últimamente me lo paso genial cuando salgo de noche. Creo que, en ese aspecto, es el mejor momento de mi vida. Antes acostumbraba a ir a sitios donde la música no me gustaba, o a sitios donde me gustaba la música pero con gente con la que no me lo pasaba bien. Ahora la música es buena y la compañía me respalda.
Es por eso que me cuesta imaginar aún más que nunca cómo será mi vida cuando tenga cuarenta años. Yo no creo que pueda ser tan feliz con mujer e hijos como lo soy cuando salgo de fiesta; Bebo, tanto que luego es imposible ligar; Siempre llevo drogas encima, si un perro policía me olfateara se volvería loco; Grabo vídeos haciendo el payaso en el metro; Bailo como me da la gana y durante todo el tiempo que quiera; Me dejo la voz cantando “Berlin” de Black Rebel Motorcycle Club. Esto es vida, pienso siempre en los momentos álgidos, empapado en sudor.
No imagino otra vida mejor. Ya sé lo que es quedarse en casa a ver pelis, y las cenas románticas, y despertarse un domingo por la mañana temprano y aprovechar el tiempo. No hay punto de comparación, y no quiero renunciar a esto.

