Resulta que un momento dado, mientras comía unas patatas fritas de desayuno/comida/merienda/cena de llegada pisé una mierda. No era una caca de perro de las duras que joden y punto. No. Era líquida, nauseabunda, con un color naranjoso. Me cagué en la virgen y en todos los santos. No había dios que se sacara tal cantidad de mierda. Y eran las únicas botas de piel que me llevé. Me contorsioné como una mongólica retando a la física, la densidad y la gravedad contra un cubo de basura.
Ese maldito pisotón apestoso inauguró un triunfal camino que ha durado hasta el día de hoy. Me corrí dos grandes juergas, me encontré 55€ en el baño del Rí Rá, gané unos 300€ de un premio, encontré una nueva posición laboral en diseño gráfico, cobré un trabajito audiovisual pendiente a razón de 1000€, me llamaron para decirme que tenía una matrícula de honor en la universidad resultando en unos 500€ más, un irlandés me enseñó que era el craic de verdad,… Chapeau. Y en sólo dos días.
La lluvia se llevó los restos que quedaron en la bota y sigo sumida en la neblina verde (y con unos cuantos euros de más)…

